Por Nicolás Serra, socio de SERRA Arquitectos









La penosa situación en la que se encuentran las cárceles, no solo en nuestro país, es de público conocimiento. Esa situación viene de décadas, y parece no poder (o no querer) encontrar solución alguna. El hacinamiento y la reclusión de personas en centros penitenciarios vetustos y sin mantenimiento son solo dos datos elocuentes de lo que ocurre.
El abordaje de la problemática de la arquitectura penitenciaria tiene múltiples aristas y diversos enfoques: filosóficos, ideológicos e incluso metodológicos. Pero no pretendo adentrarme en la fría estadística ni en el debate, ya lejano y obsoleto, acerca de si las cárceles sirven para resocializar o son escuelas criminales, sino incursionar en otro problema, nada menor por cierto: la influencia de la arquitectura como parte importante de algunas de las soluciones.
Sin duda la infraestructura penitenciaria es una deuda del Estado con la sociedad, pero también lo es de nosotros, los arquitectos, en la medida de la responsabilidad que nos cabe. Esa deuda va más allá de la cantidad de cárceles que se construyan; tiene que ver con la calidad y habitabilidad con que las diseñamos.
En esa búsqueda, los arquitectos constituimos un eslabón fundamental junto con equipos multidisciplinarios de expertos en el tema penitenciario. En los diseños deben intervenir, además de nosotros, profesionales de la abogacía, la educación, la salud, la psicología y, por supuesto, también de la seguridad.
Como arquitectos, debemos ser conscientes de que una de nuestras mayores responsabilidades consiste en revertir los espacios de opresión y la sensación de encierro que suelen tener las cárceles, de manera de crear ambientes dignos como condición para el éxito de los planes de rehabilitación. Formas, colores, texturas, luces, sombras, espacios abiertos al verde, biofilia, ventanas especiales y muros cribados en vez de rejas ayudan a transformar los espacios de reclusión en espacios de vida. Con la incorporación de estos (y otros) elementos y gestos arquitectónicos que no son típicamente carcelarios se logra un avance importante en la humanización de nuestra arquitectura penitenciaria. La luz natural debe ser un elemento primordial en los diseños, obviedad que muchas veces no se tiene en cuenta.
Tenemos en claro que no somos jueces, y que no nos toca juzgar a las personas privadas de la libertad. Ellos ya han sido juzgados. Pero creemos que las cárceles no deben agravar los sufrimientos producidos por el encierro, sino todo lo contrario, en coincidencia con lo indicado en las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos de Naciones Unidas
Por eso es fundamental priorizar los temas de habitabilidad en cuanto a iluminación, ventilación, dimensiones, temperatura, densidad y privacidad, como así también permitir visuales a espacios abiertos y verdes. Todo ello está directamente vinculado con el bienestar psicofísico del ser humano.
Muchas de las cárceles actuales presentan situaciones realmente penosas: hacinamiento, insalubridad, falta de luz, ventilación y seguridad, entre otras tantas otra carencias, además de una mala segmentación de la población penal y de los precarios y obsoletos edificios inadecuados para la vida cotidiana de las personas privadas de la libertad.
Quizás lo más penoso sean los espacios carentes de la más mínima habitabilidad, incumpliendo no sólo estándares mínimos locales e internacionales, sino también la más minima sensibilidad con la que un profesional de la arquitectura debería trabajar. Esto también sucede en nuevas obras penitenciarias encaradas sin el adecuado expertise de quienes las diseñan, de quienes las encargan, o de quienes tiene que velar por su correcta construcción.
Estoy convencido de que la solución arquitectónica es uno de los eslabones más importantes del proceso penitenciario, pues define los espacios dentro de los cuales se desarrolla la vida de las personas. Tenemos la necesidad —y casi la obligación— de promover, con imaginación, realismo y sensatez, las condiciones para el desarrollo de una vida digna, sin desmedro de resolver las cuestiones funcionales, técnicas, económicas y de seguridad inherentes a la cuestión.
Una mala respuesta arquitectónica malogrará la compleja operación de las cárceles. En cambio, una buena respuesta incidirá favorablemente para minimizar el estrés motivado por la falta de libertad y por los medios de seguridad destinados a evitar fugas. El mayor desafío pasa por captar, con sensibilidad arquitectónica, la vida expresada en los diseños y encontrar la estructuración de espacios que faciliten dicha vida otorgándole calidad y humanidad.
Hay que tener en cuenta que la persona que vive por un determinado tiempo en las cárceles asume su impotencia frente a cuestiones desconocidas o muchas veces incomprensibles: la pérdida de su libertad, la incorporación a un sistema disciplinario desconocido y el habitar espacios generalmente no adecuados para su estar.
En SERRA Arquitectos estamos convencidos de que las prisiones no deben ser lugares indignos ni hostiles, y más convencidos aún de que la arquitectura penitenciaria debe acompañar el avance de la humanización de los espacios. Nuestro esfuerzo se centra en crear ambientes que logren disminuir el sufrimiento, el aislamiento y el dolor de quienes vayan a estar recluidos, facilitando, aunque sea en la medida de la responsabilidad que atañe a los arquitectos, el restablecimiento de sus conductas y su reinserción en la sociedad.
En nuestro Estudio trabajamos en arquitectura penitenciaria desde hace más de tres décadas. En 2023 se realizó la muestra “Humanización de los espacios carcelarios” en el Museo de arquitectura de la ciudad de Buenos Aires, con nuestros trabajos desarrollados en los últimos años, habiendo sido la primera muestra de arquitectura penitenciaria en América latina. Charlas, conferencias y artículos periodísticos dan muestra de nuestra impronta y compromiso en el tema.
Hemos intervenido asesorando, proyectando, gerenciando o dirigiendo, más de 40 proyectos penitenciarios con más de 1.400.000 m² en los últimos años entre los que se encuentran: Complejo Penitenciario VII de Marcos Paz, Complejo Penitenciario Agote y cárceles provinciales de Corrientes, San Luis, Jujuy y Santiago del Estero (en Argentina). En el plano internacional: Talca y Copiapó (Chile), Punta Rieles (Uruguay), Ica (Perú), Las Delicias (Ecuador), St. Maarten, Moldavia, entre otros.
Un poco de nuestra historia como Estudio

Nuestro estudio es la continuidad del estudio Serra: Valera, fundado en 1975 por los arquitectos Fernando Serra y Jorge Valera. En 1995 se incorporaron Gonzalo Serra, Nicolás Serra y desde 2005, el estudio pasó a denominarse SERRA Arquitectos. Actualmente, con la incorporación del arquitecto Mateo Serra, transitamos nuestra tercera generación familiar.
Desde nuestros comienzos, nuestra práctica profesional estuvo marcada por la diversidad programática y por una actividad constante e ininterrumpida.
Cuando nos preguntan qué nos atrae de la arquitectura, la respuesta suele ser la misma: la posibilidad de ser parte de un cambio en la vida de las personas. Porque entendemos que la arquitectura crea el escenario donde vivimos y, por lo tanto, implica una enorme responsabilidad.
Nos interesa la arquitectura en todas sus escalas y programas. La diversidad y la capacidad transformadora de la profesión forman parte esencial de nuestra identidad
Más de 480 proyectos en distintas escalas








